Portal · Trihelia
La empresa ve lo que se pactó ver. El estudiante se lleva la prueba de lo que hizo.
Antes de que un equipo empiece, la empresa y la dirección del programa fijan en qué nivel de detalle se abre el trabajo. El acuerdo tiene fecha de inicio, puede tener fecha de fin y se puede revocar; cada cambio queda registrado. Mueva el nivel y vea qué cambia.
La barra de avance nunca se apaga: el nivel cero ya la incluye, y no es negociable. El nivel seis no se concede desde un panel de administración — cada estudiante lo autoriza, como exige el artículo 9 de la Ley 1581 de 2012. Si retira el consentimiento, el nivel baja solo.
Un formulario que pregunta por el problema, no por la solución: qué duele, con qué datos se cuenta y cómo se sabrá que sirvió.
Alguien del programa decide si es un reto académico o un encargo de trabajo gratis. Puede devolverlo con observaciones.
El reto queda ligado a una experiencia concreta —una asignatura, un semestre— y a un equipo con responsable.
No las impone la plataforma. El equipo plantea el plan, la dirección lo aprueba y ahí queda fijado el compromiso.
Un entregable, un resumen ejecutivo de lo que pasó y, si la fase lo pide, la aprobación de la empresa antes de seguir.
La rúbrica institucional se aplica criterio por criterio. El estudiante se lleva un certificado con lo que efectivamente demostró.
Cuando un equipo cierra un reto, la empresa que lo acompañó ya lo vio trabajar y la universidad ya evaluó lo que entregó. Dejar que eso muera en un certificado y obligar a las dos partes a reencontrarse en otro portal —donde todo vuelve a ser afirmación— es desperdiciar lo único que esta plataforma produce.
Aquí una vacante puede exigir una competencia con evidencia registrada, y la plataforma lo comprueba contra la evaluación con rúbrica que firmó un docente. No contra lo que diga la hoja de vida.
Nadie recibe el panel de otro con menos botones. Cada rol abre con la pregunta que le corresponde responder esa mañana.
Cada publicación, aprobación, entrega, evaluación, alta de cuenta y cambio de visibilidad escribe una línea. Las líneas se encadenan por huella: alterar una rompe todas las siguientes y la ruptura es detectable. Nadie —ni la administración— tiene una forma de borrar una línea sin dejar rastro de haberlo hecho.
Los actores se guardan seudonimizados, con la forma de Caliper 1.2. Un grupo de investigación puede pedir el corte de una cohorte y trabajar sobre conducta real sin tocar la identidad de nadie.